Friday, August 04, 2006

Teniendo en cuenta los acontecimientos que fueron transcurriendo en mi vida a lo largo de estas últimas tres semanas no puedo evitar el hecho de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Los seres humanos todavía mantenemos ciertos rituales de nuestras infancia, uno de ellos, mirar por la ventanilla del primer vagón del subte A. Viajando a cualquier horario (desde la hora pico hasta la tranquilidad del mediodía) nos encontramos con adeptos a esta costumbre que hipnotiza, como si se tratara de una experiencia totalmente nueva cuando muchos viajan en subte durante toda la semana . Generalmente los padres llevan a sus hijos pequeños a sentarse y quedarse contemplando el recorrido de un tren que viaja por debajo de la tierra y atraviesa túneles a veces oscuros y desolados. Pero en el caso de los adultos ya se trata de un escape a la realidad. La gente tiene que enfrentarse a un trabajo que, sin ser necesariamente odiado, a veces nos resulta agotador por nuestra idiosincrasia de vivir apurados y estresados de lunes a viernes. Entonces por aunque sea 5 minutos vislumbramos un trayecto que estimula la imaginación, la misma que proyectábamos cuando pequeños y fuimos desechando de a poco las personas que no la necesitamos ahora para ganar un sueldo mes a mes.
Otro regreso a la inocencia lo experimenté el jueves cuando dieron en el canal de cable MGM “Las aventuras de Chatrán” película icono de la niñez de muchas generaciones cuyas infancias transcurrieron en la década del ’80. A pesar de que nuestra adultez ahora nos haga dar cuenta de la crueldad animal que sufrieron por aquella época el protagonista gatuno y su coestrella canina (asunto bastante desconcertante por cierto) esta no deja de ser una historia conmovedora que me retrotrae a lo que, bajo las actuales circunstancias, fue un momento muy lindo de mi vida.
Con cuánto se conforma el ser humano para dejar atrás el pasado? Este cambio sustancial que define el comienzo de la edad madura generalmente llega como un golpe que debemos asumir. El problema es que anulamos toda conducta que nos muestre infantiles y vulnerables para reservarlas como un placer privado o una acción inconsciente que se libera cuando nos relajamos. Igualmente hay que admitir que los individuos son personas con ciclos, conducta totalmente ligada a la melancolía y a la madurez. Sentimos que ya nos hartamos de ciertas experiencias, estilos de vida o formas de encarar las adversidades y ahí nos surge la necesidad de un cambio. Experimentamos nuevos placeres materiales y afectivos aunque estos nuevamente nos saturan. Pero como son los encantos que disponemos en la edad adulta nos resignamos y regresamos a los viejos hábitos.
Y así sigue la vida...

Hasta luego!

Tuesday, June 13, 2006

Exactamente el 6 del 6 de 2006 cumplí un año en mi trabajo y una semana más tarde me llamaron de una empresa porque fui aceptado a integrarla. Por supuesto que la alegría rebalsó en mí porque se trata de una gran oportunidad; pero inmediatamente me inundó la incertidumbre por un hecho que fue clave para sobrevivir con un sueldo por debajo de lo básico: el grupo laboral. Tuve la suerte de contar con excelentes personas que contestaban todas las dudas que tenía sobre un trabajo que no conocía, personas que no dudaban en el compromiso de reunir dinero para cada cumpleaños o para una fiesta íntima de fin de año. Personas que organizaban almuerzos masivos de empanadas para que tengamos una oportunidad de reunirnos a boludear. En fin, un grupo que dadas las circunstancias de la empresa (cambios constantes en la organización, en los puestos, en los altos cargos, etc.) me procuró un año muy intenso y difícil de superar en cuanto a calidad humana.
Por otro lado, después de este lapso de tiempo, uno se conecta más con la persona y empieza a reconocer ciertos defectos, situación totalmente normal cuando conocés un individuo. La familiaridad, el trato a diario y las tensiones laborales redescubren en uno aristas de la personalidad jamás imaginadas. Sin embargo la sorpresa no nos golpea porque tenemos una balanza en nuestro cerebro que se llama el razonamiento, el cual nos advierte que todos somos humanos y en la oficina se da un ecosistema surrealista que no dista demasiado de la estética de un reality. Los chichoneos, la falsedad y los lazos de amistad de toda clase (hasta hace poco ingredientes solo reservados para una telenovela) son moneda corriente y si las paredes fueran guionistas para sacar de cualquier compromiso al que quiera explayarse con trapitos sucios, ya tendríamos el best seller del año.
Entre los varios grupos que tuve la suerte de presenciar uno muy reducido y selecto, que ya lleva varios años trabajando sin jamás separarse, me llamó la atención por la familiaridad de sus miembros. Flatulencias, chistes zarpados, intromisiones y lazos de mutua defensa se forjaron y si no podés cumplir estas normas ¡sos alienado!
¿Qué clase de grupo me depara el destino?, después de muchas entrevistas fallidas y de oportunidades que no llegaron hubo una frase que constantemente me fue expuesta: “esta vez no tenía que ser, será la próxima”. Bueno, después de muchas veces, la próxima ya llegó y está frente a mi, que tendrán mis futuros compañeros de trabajo para que sean mi destino? Uno siempre se está preguntando, “qué hubiera pasado si...?”, “por qué me tocó esto a mi...?”, “será esto lo mejor que puedo conseguir...?”
La cotidianeidad nos hace más fuertes, pero el cambio no deja de ser un desafío que te permite madurar; y si este nos afecta siempre tendremos las herramientas para paliar la melancolía. Fotos, recuerdos, vías de comunicación, etc. ^_~
¡Después de todo, yo sigo pensando que la secundaria fue el mejor momento de mi vida!

Auf Wiedersehen!