Tuesday, June 13, 2006

Exactamente el 6 del 6 de 2006 cumplí un año en mi trabajo y una semana más tarde me llamaron de una empresa porque fui aceptado a integrarla. Por supuesto que la alegría rebalsó en mí porque se trata de una gran oportunidad; pero inmediatamente me inundó la incertidumbre por un hecho que fue clave para sobrevivir con un sueldo por debajo de lo básico: el grupo laboral. Tuve la suerte de contar con excelentes personas que contestaban todas las dudas que tenía sobre un trabajo que no conocía, personas que no dudaban en el compromiso de reunir dinero para cada cumpleaños o para una fiesta íntima de fin de año. Personas que organizaban almuerzos masivos de empanadas para que tengamos una oportunidad de reunirnos a boludear. En fin, un grupo que dadas las circunstancias de la empresa (cambios constantes en la organización, en los puestos, en los altos cargos, etc.) me procuró un año muy intenso y difícil de superar en cuanto a calidad humana.
Por otro lado, después de este lapso de tiempo, uno se conecta más con la persona y empieza a reconocer ciertos defectos, situación totalmente normal cuando conocés un individuo. La familiaridad, el trato a diario y las tensiones laborales redescubren en uno aristas de la personalidad jamás imaginadas. Sin embargo la sorpresa no nos golpea porque tenemos una balanza en nuestro cerebro que se llama el razonamiento, el cual nos advierte que todos somos humanos y en la oficina se da un ecosistema surrealista que no dista demasiado de la estética de un reality. Los chichoneos, la falsedad y los lazos de amistad de toda clase (hasta hace poco ingredientes solo reservados para una telenovela) son moneda corriente y si las paredes fueran guionistas para sacar de cualquier compromiso al que quiera explayarse con trapitos sucios, ya tendríamos el best seller del año.
Entre los varios grupos que tuve la suerte de presenciar uno muy reducido y selecto, que ya lleva varios años trabajando sin jamás separarse, me llamó la atención por la familiaridad de sus miembros. Flatulencias, chistes zarpados, intromisiones y lazos de mutua defensa se forjaron y si no podés cumplir estas normas ¡sos alienado!
¿Qué clase de grupo me depara el destino?, después de muchas entrevistas fallidas y de oportunidades que no llegaron hubo una frase que constantemente me fue expuesta: “esta vez no tenía que ser, será la próxima”. Bueno, después de muchas veces, la próxima ya llegó y está frente a mi, que tendrán mis futuros compañeros de trabajo para que sean mi destino? Uno siempre se está preguntando, “qué hubiera pasado si...?”, “por qué me tocó esto a mi...?”, “será esto lo mejor que puedo conseguir...?”
La cotidianeidad nos hace más fuertes, pero el cambio no deja de ser un desafío que te permite madurar; y si este nos afecta siempre tendremos las herramientas para paliar la melancolía. Fotos, recuerdos, vías de comunicación, etc. ^_~
¡Después de todo, yo sigo pensando que la secundaria fue el mejor momento de mi vida!

Auf Wiedersehen!